La del huipil

Por Néstor Cedeño, autor de Entre rebelión y dictadura y Entre lucha y esperanza

Desde la noche anterior tenía todo listo; su traje colgado en una percha en su closet. Sus nervios no la dejaban dormir bien; daba vueltas de un lado de su cama al otro. Tanto que su hermana le tiró una almohada directo a su cara.

-¡Maje… déjame dormir, no jodas! Me tenés loca con eso. Pareces tortilla dando vuelta a cada rato.

La incertidumbre de lo que podría pasar no la dejaba descansar. Pero su decisión estaba tomada y ella estaba determinada a cumplir con el reto autoimpuesto.

-Por la patria –pensó. Y con eso cayó dormida.

El día siguiente -14 de septiembre- la muchacha llegó a su escuela para participar en el acto en honor a los héroes y mártires de Nicaragua. Llevaba el traje sobre su brazo, protegido por una bolsa negra para que no se ensuciara. Su pelo ya se encontraba arreglada, pero aún no tenía una pieza fundamental. Se dirigió hacia un aula detrás de la tarima donde se realizaría el acto para vestirse, aplicar su maquillaje, practicar su baile y las palabras que tenía en mente decir, las cuales traía escritas sobre un papel con señas de que fueron borrados múltiples veces.

Cuando arrancó el acto, la maestra de ceremonia inicio su discurso de bienvenida.

-Buenas tardes a todos, hermanos y hermanas. Estamos aquí para dar honor a nuestra amada y querida patria, Nicaragua bella y solidaria. En las palabras de nuestra queridísima compañera y vicepresidenta Rosario Murillo: “Nicaragua está hecha de vigor y amor para nuestros héroes y mártires”.

Con esas palabras algunos de los maestros, alumnos y padres aplaudieron mientras otros escuchaban con brazos cruzados y en total silencio.

-Bueno, empecemos con unas pancartas que los niños y niñas de primaria crearon justo para esta ocasión… que salgan los muchachos.

Tres niñas y dos varones desfilaron sobre la tarima, cada uno cargando una cartulina decorada. Cada estudiante presentó sobre un personaje histórico: Rafaela Herrera, Andrés Castro y Rubén Darío. Pero también hubo dos que hablaron sobre el comandante y la compañera. Una de las presentaciones decía “Daniel, orgullo patrio – en victorias educativas”. Tenía pegada una imagen de Ortega y otra que decía aquella frase que sirve de hashtag en las redes sapas: “No pudieron, ni podrán – Daniel 2021”.

Una pareja hablaba en voz baja para que nadie los escuchara:

-Me tiene harta esa frase…

-Ni verga bueno han hecho para la educación…

-Esto no es educación, es adoctrinamiento…

El acto avanzaba y más participantes salían a presentar declamaciones de poesía, fonomímica, recreaciones de momentos históricos y numerosos bailes culturales.

Mientras esperaba su turno, la muchacha caminaba de un lado del aula hacia el otro. Se notaba lo nerviosa que estaba de nuevo y las otras niñas que se encontraban allí la quedaban viendo, preguntándose entre ellas qué le pasaba.

La hermana de la muchacha entró y se acercó para preguntarle: -Ideay loca, ¿estás bien? No te di tan duro con la almohada…

-Vos… ¿crees que estoy haciendo lo correcto?

-No solamente estás haciendo lo correcto, también estás dando tu granito de arena. Tranquila, que todos te estamos apoyando.

En eso, su cara cambió -de nerviosa a determinada… enojada- y sabía que no había vuelta atrás.

-Y ahora, un baile folklor de una niña muy especial. –anunció la maestra de ceremonia.

-¡Démosle un fuerte aplauso solidaria!

Y con un respiro profundo dijo: -Por los héroes… que han caído –y caminó hacia el centro de la tarima con micrófono en mano y una flor de sacuanjoche en su pelo.

La música arrancó -era una de las tantas que artistas bailaban- pero ella no se movió del todo. La gente la quedaba viendo, confundidos ante el silencio de la muchacha. De repente la música se detuvo y al levantar el micrófono, la muchacha volvió a respirar profundo, miró hacia el público y habló…

-Este huipil que llevo puesto significa mucho para mí… Me lo regaló mi padre quien tuvo que salir al exilio por haber tomado la decisión de defender su patria. Hoy lo llevo puesto en su honor y en honor a todos aquellos que salieron a luchar por algo justo.

Los susurros en el público crecían rápidamente. Algunos padres se levantaron molestos y buscaron la salida, otros solo hacían gestos de enojo ante la situación. Muchos comenzaron a aplaudir. Y de repente otra música empezó a sonar…

Hola que tal, soy la Nicaragua. La valiente mujer pencona que a sus hijos llora hoy.

-Hoy llevo puesto este huipil para honrar a nosotros los jóvenes, que tenemos que aguantar un futuro incierto ante un sistema educativo que solo enseña decir “que viva el comandante” y no a pensar por sí mismo. Lo llevo puesto por aquella muchacha que portaba una igual, en azul, y que durante una marcha salió a bailar con su rostro cubierto y la mirada fija… sin pensar en las consecuencias de su acción.

Algunos de los presentes empezaron a llorar, otros cantaban en voz baja… la maestra de ceremonia estaba congelada, sin saber cómo detener a la muchacha.

Eran estudiantes, eran la patria pensante. Eran los libros andantes que al tirano se enfrentó.

-Hoy llevo puesto este huipil para honrar el amor de verdad. Como la de una mujer llamado Adilia, que también bailó con un traje similar, en negro. Bailó por su esposo y por aquellos que batallaron en Monimbó. Bailó una canción triste, pero bello… bailó con la frente en alto y su corazón en la mano.

Alguien en el público grito “¡Viva Monimbó!” … “¡Que viva!” exclamó otro.

Gloria eterna a nuestros héroes, gloria eterna su valor.

 Hoy son ejemplo de lucha, de valía y convicción.

-Y también… hoy llevo puesto este huipil para honrar a las mujeres valientes como una señora que sale todos los días de su casa con su propio huipil puesto… doña Flor. Sale a gritar por aquellos que no pueden, a pesar de ser golpeada y maltratada por gente lleno de odio. Sale y baila al son de la libertad que muchos queremos.

Finalmente, la maestra de ceremonia detiene la música y se sube a la tarima para quitarle el micrófono a la muchacha. Sus miradas se cruzaron -la muchacha con lágrimas y la maestra con fuego- y la señora le dice: -No más, bájate ya. Pero ella no cedió.

-Los héroes de la patria del pasado estarían orgullosos de ver como estos nuevos héroes -como mi papá- lucharon por algo digno… algo justo. Algún día vamos a poder celebrarlos sin temor a consecuencias. ¡Viva Nicaragua libre!

Al bajarse de esa tarima los aplausos se hicieron notar y los gritos de “VIVA” taparon al abucheo de los sapos presentes. Ella nunca llegó a bailar, pero estaba satisfecha con su desempeño. La muchacha del huipil entendía que su presentación iba a traer graves consecuencias… expulsión de su escuela era más que seguro. Pero ella no se dio por vencido y como dice la canción: ♫ Volveremos a ser libres, combatientes del valor.

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