Hagamos patria: Quitémosle la máscara de machismo al periodismo.

Por: Elsa Espinoza Orozco

El periodismo es una burbuja fascinante:  investigar, redactar, diseñar, reportar, publicar, divulgar, es apenas una parte de su dimensión. Sin embargo, esta burbuja es disímil para hombres y mujeres de prensa.

Antes de 2018 las mujeres periodistas sufrían la pandemia del machismo a través de la violencia patrimonial, laboral, estatal, y sexual. Con la crisis sociopolítica y el Covid-19, esta espiral de violencia se ha intensificado.

Según el informe sobre la Situación de las Mujeres Periodistas en América de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE), los obstáculos que representan ser mujer periodista se ven incrementados, además de correr los mismos riesgos que los hombres, también enfrentan riesgos específicos por su género.

En Nicaragua, el Tercer Informe del Observatorio de PCIN de marzo a julio de 2020 se registraron 66 denuncias de 48 periodistas y comunicadoras/es víctimas de agresiones 30 hombres (62.5%) y 18 mujeres (37.5%). De estas 66 denuncias, 42 se refieren a hombres periodistas y 24 a mujeres periodistas.

Si bien la cifra desagregada por sexos refleja que el número de mujeres periodistas agredidas y atacadas es cuantitativamente inferior al de los hombres, las agresiones físicas, digitales, judiciales y sicológicas hacia mujeres de prensa son especialmente complejas para las víctimas y se relacionan con otra serie de aspectos legales y socioculturales.

Lo primero que tenemos que entender es que la violencia sexual no se limita únicamente a la violación, incluye también el acoso, el hostigamiento, la extorsión y el abuso de poder por el hecho de ser hombre y de estar en una condición superior a la víctima. En Nicaragua son muy pocas las periodistas que se han atrevido a hablar de lo que les ha ocurrido en el ejercicio del periodismo o por parte de colegas. Hace algunos años ni siquiera era posible pensar que las periodistas pudieran ser víctimas de acoso o de alguna otra manera de violencia sexual. Pero lo cierto es que hoy queda a luz pública que, en las redacciones, y sobre todo en el ejercicio de su profesión, las mujeres sufren este tipo de violencia.

En noviembre de 2019, ocho mujeres periodistas que integran PCIN (Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua), en noviembre de 2019 se organizaron y pusieron en escena el sketch “Descabezando la vaca”, para denunciar a través del arte escénico la violencia que vivieron en diferentes facetas de su vida; por parte de colegas y jefes en medios donde han laborado, de cuando eran estudiantes de comunicación o mientras ejercían su labor periodística.

Esta actividad creativa fue enmarcada en la campaña contra la violencia de género “No soy yo, es tu violencia”, con la finalidad de evidenciar y denunciar públicamente cómo las mujeres somos violentadas sexualmente en el ejercicio periodístico en sus diferentes facetas, tanto académicas y profesionales.

En la nebulosa del periodismo y la comunicación, la violencia sexual representa una de las principales violaciones a los derechos humanos de las periodistas. Muchas expresiones de este tipo de violencia son perpetradas por fuentes informativas de sexo masculino que traducen el interés en su historia o la información que proveen al medio, en una oportunidad íntima con mensajes fuera del tema, preguntas personales, o invitaciones. Como si a cambio de ser fuente, la periodista debe pagar con dejarse acosar.  También al hacer prácticas de periodismo las mujeres son doblemente vulnerables, pues en su mayoría, reciben un variado abanico de insinuaciones, chantajes, y propuestas de índole sexual para mantener su pasantía o trabajo por parte de colegas y jefes inmediatos.

Sobre esto, el Código Procesal Penal de Nicaragua, Ley 641, establece en su artículo 172 que el acoso sexual es un delito y “quien realice actos lascivos o lúbricos tocamientos en otra persona, sin su consentimiento (…) será sancionado con pena de prisión de cinco a siete años”.

Por otra parte, el Internet se ha convertido en otro mecanismo para atentar contra la imagen y credibilidad profesional de las mujeres de prensa en Nicaragua. La forma más común de violencia en línea es el acoso sexual, a ello se anexan amenazas de violación masivas y de muerte en redes sociales, lo que designa la perpetración de la violencia psicológica y sexual contra las mujeres en las plataformas digitales.

La Constitución Política de Nicaragua, en su artículo 36 establece que “Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral. Nadie será sometido a (…) penas ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Además, la Ley 779, Ley integral contra la violencia hacia las mujeres define violencia psicológica como toda “acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones, comportamientos, decisiones y creencias de la mujer por medio de (…) la intimidación, coacción, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud mental, la autodeterminación o su desarrollo personal. También señala como violencia sexual “toda acción que obliga a la mujer a mantener contacto sexual, físico o verbal, o participar en otras interacciones sexuales mediante el uso de la fuerza, intimidación, coerción (…) o cualquier otro mecanismo que anule o limite la voluntad o su libertad sexual (…).

El problema es que el machismo y la misoginia presente en los medios de comunicación y en el gremio periodístico se ha normalizado, y es poco cuestionado. Cuando las periodistas deciden denunciar, son amedrentadas por sus jefes inmediatos o en sus redes sociales. 

La violencia contra las mujeres es discriminación y una violación de derechos humanos, lo que nos afecta desproporcionadamente. El acceso a la justicia para las mujeres de prensa es un bingo. Las periodistas necesitamos con urgencia se establezcan políticas de género que contemplen acciones y penalizaciones para garantizar el respeto a los derechos humanos de las mujeres en los medios de comunicación, y podamos ejercer su labor en condiciones de equidad, sin discriminación de ningún tipo.

Las mujeres de prensa queremos una patria libre de dictaduras y de machismo. Denunciar los abusos y las injusticias también es hacer patria.

La autora es comunicadora social y consultora independiente, integrante de la Comisión Ejecutiva de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN).

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