Homosexualidad, trabajo doméstico y una pandemia llamada covid-19

Escrito por: Juller Torres N.

El trabajo doméstico fue inventado como una herramienta para mantener a la mujer (lo femenino) sujeta, encerrada y limitada. Y es el espacio “domestico” (procedencia latina «domestĭcus» forma adjetiva de «domus» que significa casa.) donde el machismo ha confinado a la mujer (lo femenino) para mercadear con ella los reconocimientos, los derechos y los privilegios, haciendo estos una moneda escasa y limitada, para que lo poco sea suficiente.

Como miembro de distintas páginas que abordan temas sobre los grupos LGBTI+ hay un tema si bien no recurrente, pero si mencionado, aunque muy superficialmente. Talvez debido a que hay poca información, o como muchos temas que abordan el trabajo doméstico son desechados por incomodos o por ser puestos en debates dicotómicos y telenovelesco.

Pues sí…

El trabajo doméstico es la pandemia que el patriarcado estableció como un “don endémico sagrado y NO sujeto a discusión y/o cualquier debate que pudiere surgir, secula seculorum”.

Este momento es cuando somos los cochones y las mujeres esas víctimas silenciosas muertas en vida, obligadas a ser domésticas, servidoras, cuidadoras, niñeras y multitareas, no por la pandemia; siempre lo hemos sido, la pandemia solo ha cerrado el puño de nuestros verdugos a tiempo completo, quitando todo reconocimiento, aumentando la carga de tareas, exponiéndonos más a la violencia sexual, física y psicológica.

Y es ahora cuando ese título llamado atrozmente “ama de casa”, ha iniciado a cerrarse como un circulo de fuego, la inmanencia cada vez se transforma en un estado estático y somos despojados de nuestra naturaleza humana para ser convertidos en objetos utilitarios y vacíos de cualquier derecho, deseo y decisión.

Es hoy uno más de tantos males que aquejan nuestra sociedad, no esa sociedad prístina donde todos los días el arcoíris es retocado por el capitalismo con sus “hermosas campañas in-clusivas”, sino ese underworld que desprecia lo diverso, que lo distinto lo hace extraño y mofa, donde los estándares son inalcanzables y donde los privilegios son la meca y el abuso el statu quo, ese espacio cimentado por un sistema patriarcal y reforzado por un machismo y una masculinidad frágil y temerosa de ser descubierta, que trafica con los privilegios y las conductas de poder, para coartar y manipular y donde las victimas siempre han sido las mujeres y por lo tanto todo lo femenino, porque en el mismo momento que se le puso un pene a dios, todo lo demás perdía sus derechos, porque lo fálico fue decretado trascendente y lo femenino inmanente y allí la maldición, porque no podrás salir fuera de ese pequeño espacio creado por y para vos fémina y todo aquello que se asuma femenino será también enjaulado en las barreras de la “domesticidad”.

Los cochones (homosexuales femeninos) y todos aquellos que hemos decidido transitar por la femineidad como identidad de género o porque solo existe un modelo binario de crianza, donde tu órgano sexual es el que decide cual posición ocupar; estamos a merced de obedecer estas reglas, porque es mejor mantener la vergüenza encerrada que permitir el escarnio público, entonces se nos dota de múltiples actividades domésticas con el fin de agotarnos o hacernos desistir de esas “mariconadas” que son solo para mujeres y es allí donde en aras de ser aceptados o incluidos surgen las destrezas y las maravillosas cualidades propias de los cochones, porque hay que admitir que para limpiar, cocinar, lavar, agenciar jolgorios, velas, bautizos y todos los aquelarres por surgir los cochones somos lo máximo…

Pero…

¿para amar?

¿somos seres dignos de la ambrosia del amor?

¡No, porque es pecado! Así lo dispuso dios. (total él es quien tiene miembro) es entonces cuando nos enteramos, que haber nacido hombre y transitar por lo femenino es condenarse a la sumisión y por tanto a toda la violencia que esta genera y más, porque el sistema se ha encargado de mantenernos en el analfabetismo, en los trabajos informales, nos ha discapacitado para no poder escalar posiciones sociales, nos obliga a traficar con privilegios y encima nos manda una pandemia que nos obliga a mantenernos hacinados a merced de nuestros verdugos limitando nuestra independencia física, social y financiera.

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