La humanidad frente a los retos globales: COVID-19

Escrito por: Humberto Martínez

¿Qué es el covid 19?

Cualquier consideración de un fenómeno, sin primero tomar el debido tiempo para aventurarse en su conceptualización, no solo evitaría una fructífera disertación, sino que también alteraría la visión acerca del objeto de interés. ¿Cómo se puede opinar de lo que no se conoce? Motivo por el cual, resulta conveniente comenzar este ensayo con algunas definiciones acerca de qué es el coronavirus. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (2020, OMS), se le cataloga como: «Enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente. Tanto el nuevo virus como la enfermedad eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019», cabe recalcar la brevedad de tan incipiente definición, aunque si se toma en cuenta la novedad del brote, no es de sorprender que los datos científicos, en pleno 2020, todavía sigan en proceso de formación. Sospechosamente, el sitio web de la OMS, no hace mayor hincapié en torno a cómo esta nueva cepa de virus se transmitió al ser humano en los mercados de Wuhan, China.

Otros datos, extraídos de la OMS que también vale la pena traer a colación, para contextualizar, son los siguientes:

Los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En los humanos, se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS). El coronavirus que se ha descubierto más recientemente causa la enfermedad por coronavirus covid – 19.

De acuerdo a datos proporcionados por la organización Healthy Children (2020), los síntomas del coronavirus principalmente son la tos, fiebre y dificultad para respirar, aunque recalcan las siguientes características:

El covid – 19 es una enfermedad nueva, pertenece a la familia de los coronavirus que normalmente causa enfermedades como el resfriado común. A medida que el virus se propaga, estamos viendo más personas con síntomas leves, pero otras que se enferman de gravedad y necesitan atención en un hospital. Aunque muchas personas se recuperan, muchas han muerto. La razón por la cual los funcionarios de salubridad están preocupados es porque el virus es nuevo, lo que hace difícil de predecir cómo continuará afectando a las personas.

Ahora bien, habiendo barruntando a grandes rasgos de qué se trata esta pandemia del covid – 19, es necesario aclarar el enfoque eminentemente subjetivo de este ensayo, el cual consta de una opinión informada concerniente a los grandes desafíos planteados a la humanidad, al verse enfrentada a una enfermedad altamente infecciosa, sobre todo si se le compara con cepas de virus de la misma familia.

¿Qué medidas tomar ante el contagio a nivel global de una enfermedad que parece desafiar los recursos de los sistemas de salud de todos los países del mundo, inclusive los de las naciones más desarrolladas? ¿Qué estrategias o visiones son necesarias en momentos de amarga crisis? Este ensayo disertará al respecto, puesto que los desafíos requieren del debate e intercambio de ideas.

En palabras del epidemiólogo Leonel Arguello (2020), las soluciones pasan por respuestas técnicas y científicas, antes que políticas. En este sentido, quienes efectivamente se sitúan en la primera línea de defensa de la salud de la población, son individuos que trabajan en los sectores de: medicina (epidemiólogos, trabajadores de laboratorios, investigadores y científicos en general), funcionarios del Estado (toda una variedad de personajes en los que toman realce y mayor responsabilidad las autoridades de los ministerios de salud de cada país) y, por último, los proveedores de material necesario para enfrentar la pandemia (fábricas de mascarillas en particular).

 En épocas de enorme tribulación y pánico, por crisis que afecten a todos los ciudadanos, es un factor clave el buen manejo de la información, ya que puede marcar la diferencia inclusive entre la vida y la muerte. Por ejemplo, si la dictadura de China hubiese avisado al mundo con suficiente antelación de la peligrosidad del nuevo coronavirus, las medidas de precaución en muchos países del mundo hubiesen sido distintas; más radicales y efectivas. De este sencillo ejemplo, se puede desprender la vitalidad del flujo informativo, que, con material verídico, útil y dispuesto de forma accesible a tiempo, puede ser llamado de alarma sumamente apreciable para las poblaciones.

 El mundo contabiliza más de doscientos mil fallecidos, mientras que, en un pequeño país centroamericano, las fronteras se mantienen abiertas, se convocan marchas y visitas casa por casa. En medio de una crisis que desafía a los sistemas de salud de todo el planeta, parece ser que se escribe una historia surrealista en Nicaragua, al contradecirse todas las recomendaciones provenientes de la OMS (evitar concentraciones, el uso de mascarillas, la realización de test, entre otros). Por lo que inevitablemente se avizora un panorama deplorable en el corto porvenir. El país se ha transformado en una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar.

A la luz de la lógica, y habiendo recalcado que la mayor responsabilidad en estos momentos recae sobre médicos en conjunto con autoridades estatales, que en el caso particular de Nicaragua más bien se empeñan en actuar de una manera que raya en lo homicida, es de comprender que una institución educativa y caracterizada por sus valores y compromisos, trate de ayudar desde su trinchera, dentro de lo posible.

Es deber de los estudiantes, jóvenes de ciencia y conocimiento, comunicarse dentro de su ámbito personal y hacer conciencia de las actitudes responsables, que cada quien debe de tomar. El primer compromiso, es salvaguardar la vida de cada alumno, sin embargo, ellos también deben de influir dentro de sus seres más próximos, lo que incluye a aquellos ciudadanos menos informados, quienes alejados de las redes sociales y la información, se dejan embaucar en creencias de índole mágico – religiosas , dentro del marco supersticioso que abunda en los países con severos déficit culturares y educativos; «aquí no pasa nada, es una enfermedad de ricos», «no nos afecta porque aquí hace calor», «la sangre de Cristo me cubre, con eso basta y sobra, nada me va a pasar si me expongo».

El mayor compromiso de las personas involucradas en la esfera de la universidad, es el de informar y advertir por todos sus medios posibles, al nicaragüense (de a pie) que no cuenta con los medios para prevenir el contagio. Sobre todo, en áreas rurales en las que servicios de telecomunicaciones no se encuentran disponibles, y peor aún el acceso a un líquido tan vital a como lo es el agua. Nótese que en la propia capital (Managua), amplios sectores cotidianamente subsisten a cómo pueden, sin que exista regularidad en el funcionamiento del agua potable, lo que evidentemente es un factor de alto riesgo, si se considera que una de las mayores recomendaciones para prevenir el covid – 19, involucra un constante lavado de manos.

Ante un absurdo y delictivo acercamiento a la crisis del covid, por parte de quienes ejercen el poder fácticamente, es inminente que la sociedad civil y sus agentes se movilicen en beneficio de la colectividad. En dichas interacciones, las universidades, por su proximidad al conocimiento y la ciencia, deben de hacer todo lo posible para apoyar a la difusión de toda información o contenido de carácter científico que sea clave en la lucha contra el coronavirus.

Asimismo, las instancias universitarias, deben de realizar todo lo posible para participar en el debate, en tanto que las visiones o modelos para lidiar con el covid – 19, varían entre países. Sin embargo, la meta siempre es una: la salvación de vidas humanas. Cabe explicar que los restos impuestos por la actual pandemia van más allá de fenómenos médicos, puesto que al mismo tiempo la sociedad se ha expuesto a un nuevo desafío o dilema de carácter económico.

En una gran cantidad de regiones, se han impuesto duras e impermeables cuarentenas, en un esfuerzo mayúsculo por mitigar la expansión del coronavirus lo más posible, aunque considerando la dinámica de la sociedad, al mismo tiempo se han perdido millones de empleos obligando a muchos ciudadanos a subsistir de sus ahorros. En los casos de países pobres, donde imperan las economías informales, una vasta cantidad de individuos necesitan del trabajo diario, porque de lo contrario se estaría generando una crisis inclusive de subsistencia, al no obtener ingresos que permitan sobrellevar las necesidades más básicas, a como lo son la compra de alimentos.

El mundo se divide ante una apuesta por salvar vidas humanas, en la que también está en juego una crisis económica muy grave, al generarse un masivo desempleo que va de la mano con una seria afectación en amplios sectores económicos (el turismo se ha acabado, las aerolíneas tienen números rojos, los servicios de esparcimiento y recreación no tienen clientes, entre otros).

A nuestra forma de analizar esta espinosa cuestión, no existe solución alguna en la que no se conciba alguna inconveniencia, en tanto que no es posible una ruta perfecta sin ninguna clase de daño colateral. La sociedad se encuentre frente a un dilema ético en el que se debe de escoger el «mal menor». Es decir, es vital salvar cuentas vidas sea posible, aunque no se debe de olvidar por completo el factor económico puesto que de nada sirve evitar la muerte por covid – 19, si se produce la masiva afectación de la salud mental y corporal de la población, a base de una profunda depresión económica.

En este punto, es bastante oportuno hacer hincapié en sostener una óptica ecléctica, puesto que, así como la economía no puede desfallecer totalmente, también los problemas concernientes a la pandemia requieren un tratamiento especial. Lo difícil será encontrar el balance en cuanto a las acciones que salvaguarden ambas realidades. No está de más, remarcar con ironía que en Nicaragua no existe una sola medida de cierre comercial, puesta en práctica por parte del régimen, uno que dice ser anticapitalista y a favor de los pobres, pero que en los hechos parece pensar más económicamente de lo que podría esperarse de una supuesta autoridad preocupada y enfocada en lo social, que se hace llamar antagónica de clases «burguesas y oligárquicas».

Debido a la escasa prevención contra un virus tan infeccioso, y las acciones tendientes a su propagación, solo queda concluir que en Nicaragua no existen autoridades sanitarias que sirvan de apoyo a la población. En este aspecto, las condiciones del sistema de salud del país, de por sí escuálidas, generan los factores ideales para una catástrofe de salud pública de graves proporciones.

Dentro de las medidas, cabe recalcar el rol de los medios de comunicación, por lo que puentes como la radio pueden ser perfectos ejemplos de vías para transmitir las líneas generales a seguir, para la prevención del covid – 19. De igual forma, el uso de las redes sociales, con las cuales crear campañas de concientización no debería generar un reto, sobre todo con estudiantes de carreras afines, como la ingeniería en sistema, y otros con conocimiento en la licenciatura de diseño quienes, trabajando de forma metodológica y en conjunto, podrían enviar mensajes eficaces, útiles e instructivos hacia la población, mediante los medios digitales, que pueden cruzar grandes distancias a un solo clic.

Entre una larga lista de recomendaciones, se puede sopesar la idea de generar mayor precaución en cuanto al grupo de mayor mortalidad ante el contacto con el covid – 19, la organización Healthy Children (2020), realiza una lista muy importante que incorpora: «Personas de edad avanzada, personas que sufren de enfermedades crónicas como: enfermedades del corazón, diabetes, enfermedad pulmonar, sistema inmunitario debilitado». Evidentemente, es imprescindible identificar a qué sector es juicioso proteger con mayor tesón en virtud de su predisposición a un deceso.

 

 

 

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