Yo protesté

Escrito por: Enrique Marenco

Mi abuelita es la persona que más me quiere en la vida. Ella aprendió a leer y a escribir muy tarde en su vida. Sin embargo, siempre ha visto la educación como algo primordial, y a pesar que ella nunca ha puesto un pie en una primaria, todos sus hijos lograron llegar a la universidad. Ahora todos sus nietos están egresando de la universidad. Ella siempre me cuenta como valió la pena todo el sacrificio que llevo a sus hijos (y después nietos) a ser personas de bien y gente de valor.

Pero no todos han tenido abuelitas como la mía. Algunos crecieron entre doctrinas políticas, romantizando la guerra y la pobreza. Algunos entre familias fragmentadas y sin guía alguna. El Sandinismo sirvió de refugio para este tipo de personas, y se aprovechó de ellos lavándoles el cerebro y aprovechándose de su poca educación y necesidades.

Decidí desde que empecé mi carrera universitaria que mi ambición más grande es formar nicaragüenses educados. La dictadura se lucra de la ignorancia de mi pueblo, y la sigue incitando y promoviendo desde sus etapas más tempranas y vulnerables.

Yo protesté porque quiero cuídanos pensantes, no soldados.

Llegó la rebelión de abril. Mientras la Juventud Sandinista me apaleaba en la rotonda de Jean Paul Genie no me dejaba de repetir las mismas palabras: “Esto no es tu culpa de ellos, esto es lo único que conocen, merecen otra oportunidad.” Y sea donde sea que este ese hombre que me quebró una tabla de madera en el cuello, mereces otra oportunidad.

 

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