Ella fue.

Por: Sgto Vaquerito.

Desde el primer día hubo quienes cuestionaban su actuar, no por ser autoritaria o déspota, al contrario, por ser atenta a lo que deseabas decirle. Se ubicó en la última casa del lado derecho, aquella casa azul con un enorme termo en la entrada conteniendo muchas botellas con agua, el colchón del fondo junto a los panes era su lugar de descanso interrumpido porque estaba en la casa de suministros, tanto era su cariño que al ver llegar a un grupo hambriento ya sabía qué debía darles.

-Muchacha, ¡pss! Regalanos algo, dale, no seas por la onda.

-Pero si acaban de comer; una mirada de fuego consumía las esperanzas de aquellos que parados debajo del marco de la puerta de suministros esperaban unos trozos de pan, si corrían con suerte un suculento sándwich. Solo mate son, pasen, ¿Cuántos son?

Venía de las trincheras de la mítica UPOLI. Durmiendo en una extensa cama de verdosa pastura, con el aire acondicionado que producían los vientos de la noche y con un techo tan infinito como sus ganas de triunfar en la carrera que amó, Ciencias Políticas. Al saber que la UNAN-Managua sería abierta para el reingreso de clases se decepcionó, pero en el instante se iluminaron sus ojos y sus neuronas empezaron aquel hermoso proceso en el cual una corriente eléctrica empezaba a recorrer cada poro de su piel. “NOS VAMOS A TOMAR LA UNAN”.

-Maje, ¿Quién es esa broder? Fregués, ¿no la has visto? Sale con su mortero… uno bien tuani y sólido, explota rico y hace viajar el mortero, parece que le echó fibra de vidrio o una vara así. Pero eso es cualquier babosada, la maje sale al frente de la barricada y no se le corre a nadie, se queda al frente.

-No lo sé perrito, pero así he visto, esa maje viene de la UPOLI. Dicen que es de las pesadas que estuvo con los 420 y todo ese grupo de los meros meros. Se está quedando en suministros.

De noche salía a la rotonda a ver a los chavalos que hacían vigilancia. Todos se alegraban al verla y querían que se quedara con ellos hasta el cambio de turno que era a las seis de la mañana del día siguiente, pero nuca se quedaba. A las 10 de la noche se retiraba a su colchón y sorteaba sus pequeños pies talla 7 entre las piernas de los chavalos que dormían profundamente, que roncaban como ruta 210 destartalada y con el motor dañado o con algún tensor malo. Se acomodaba y junto al olor del pan de arroz, las rosquillas y el pan de molde descansaba. 4 en punto de la mañana se desaparecía del recinto.

-Loco, ¡allá va la maje!

-Ajá, ¡ella es!

Se sentaba junto a los encargados de cada punto de defensa, discutían y analizaban cada plan y veían la forma más segura y eficaz de llegar hasta Masaya, a la hermosa ciudad gallarda y guerrera de Monimbó. Entregarían unas provisiones a la gente que estaba en esas barricadas y querían ver en vivo y a todo color la Serie Cómica más vista por los nicaragüenses, “Buenas noches comisionado Avellán”. Le veían empacar lo que se necesitaría según lo que solicitaban los monimboseños y se enrumbaba con el grupo hasta el siguiente destino, a las 9 de la noche regresó y saludó a todos en la barricada.

 

-Perro, perro… poné atención ¡Se escuchan pasos!

-Es verdad Prix, viene por la avenida universitaria, del lado de la Rigoberto.

En ese momento se escucharon 3 detonaciones en ráfaga y los de las barricadas gritaron a todo pulmón la frase de alerta: VIIIVOS, NOS ATACA, NOS CAYERON.

La muchacha junto a todos los demás en suministros cogieron su lanza morteros, mochilas, pañoleta para cubrirse y una docena de morteros.

-Chispa, ¿quién tiene encendedor? Preguntó uno que temblaba y empezaba a sudar helado.

-Yo tengo, respondió serena la joven. Vio su estado de nerviosismo y se imaginó que no respondería en el ataque. ¿Cuánta fiesta llevás? ¿No me querés servir de mechero?

EL muchacho levantó la vista y asintió con la cabeza y en un movimiento veloz puso en sus manos la docena de morteros.

El ataque empezó a las 11 de la noche y terminó pasada las 3 de la mañana. Ese día no salió a como tenía por rutina y se quedó con los chavalos. Alguien llegó hasta el frente de la barricada para preguntar por ella. Los que estaban de turno casi lo repelen a morterazos porque pensaban que era alguien que se quería infiltrar a como había pasado antes. La muchacha caminó firme directo hasta la barricada donde estaba la persona que le entregó un pequeño bolo que contenía ropa y cosas para cuido personal.

Hacia la recta final de los tiempos de lucha empezaron a desarrollarse los planes de evacuación ante un posible ataque masivo, la UPOLI había sido entregado hace mucho y solo ellos estaban representando a la “Reserva moral” del país. Ya los presentían, sus pieles se erizaban con solo pensarlo, pero no deseaban que nadie muriera. En cuentas llevaban a 3 muertos. Uno encontrado en la cuesta El Plomo y otros dos muertos en las barricadas producto de ataques rápidos que realizaban los asesinos.

El tiroteo llevaba más de 4 horas, tenían a varios heridos y se empezaron a quedar sin municiones. Las esperanzas empezaban a extinguirse y algunos de los chavalos y chavalas empezaban a languidecer y le miedo empezaba a embargarles el alma y los pensamientos solo apuntaban a una sola cosa sensata por hacer. Bueno chavalos ustedes deciden –dijo- no vamos y empezamos el plan o resistimos y esperamos a que nos llamen. De forma unánime todos dijeron que se pusiese en marcha el plan. Entre las ráfagas de balas y el sonar de los morteros hicieron posible la tarea de llagar hasta el portón del Arlen. La chavala corrió velozmente como si tuviese alas en el calzado y se reunió con el responsable de defensa. Sin pensarlo este le dijo: Nos vamos.

Ingresó a las demás casas en compañía de otra muchacha originaria de una hermosa comunidad llamada El Ayote, ambas empezaron a dar las instrucciones y con el mapa del recinto en manos señalaron las rutas y el tiempo máximo que debían tardar. Al estar listos solo queda una cosa por hacer, resistir mientras el grupo empezaba su éxodo hacia el lugar que les refugiaría. Así nace el “Repliegue táctico a la Divina Misericordia”. Ya saben, les dijo, avancen hasta llegar a la DM, allí les esperan los otros chavalos, no teman. En eso una serie de tiros impactó en el suelo levantando masas de tierra y luego dejando ver un enorme agujero. ¡Al Suelo! No sabían de donde procedía los disparos, pero no era del lado de la rotonda porque aún no llegaban los armados hasta ese punto.

Esta joven sacó una mira de 4 aumentos, se posicionó en una zona peligrosa y logró identificar la ubicación de los tiradores. Algunas balas llegaron cerca de donde ella estaba, pero sin darle ninguna de estas. Dirigió el fuego hacia el lugar señalado y logró que los esbirros se retiraran. Así continuó hasta en la noche y pasada la madrugada. En un momento cuando todo había acabado, cuando el olor a pólvora se esparcía como incienso maligno por toda la iglesia Divina Misericordia, cuando el llanto empezaba a cesar, cogió su mortero, solo ubicó cruzado sobre el hombro derecho y dijo: Todo ha terminado. Llegó el cardenal Leopoldo Brenes y Monseñor Silvio Báez hasta la iglesia que estaba llena de agujeros producto de la lluvia de disparos.

No necesita nombre, porque aquellos que le conocen saben que se mantenía mejor sirviendo en secreto, gracias a ella hoy muchos están con el agradecimiento eterno de estar con vida. Ella fue. Un día, no muy lejano, ella volverá a las secciones y no cargará ya un mortero al hombro, ni piedras ni dormirá en una cama de verde pastura, sin embargo, jamás olvidará el delicioso olor a pan dulce en la esquina de su colchón, ni el aroma a maruchan recién hecha para los muchachos hambrientos, tampoco creo que olvide el canto de aquel necio animal que rondaba su aposento.

-Oe, ¿qué te pasa? ¿Qué buscás? Preguntó uno de los chavalos.

Ella levantaba las esquinas de su rojo colchón con mucho afán y se quedaba atenta escuchando o esperando una señal.

– ¡Es que quiero dormir y hay un animal que anda por allí que no me deja juntar las pestañas! Dijo algo irritada.

– Qué raro –dijo el muchacho revisando la hora en su celular- yo no escucho nada, vos sos loca, mejor domite… a lo mejor es un grillo. El silencio reinó unos segundos y luego se escucharon fuertes ronquidos.

La joven se acomodó, se cobijó y con mucho sueño, pero consciente dijo entre labios:

-Sí, es muy curioso, quizá es un pequeño grillo

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