Salto generacional

Escrito por: Humberto Martínez

La frase “los niños son el futuro” es bastante común, a nadie le causa sorpresa, no obstante, en los tiempos que se viven en la Nicaragua post abril 2018, estas singulares palabras recobran un sentido todavía mayor. Se debate el futuro de toda una nación, y los estudiantes han tomado un papel central en la rebeldía contra un sistema ya decadente. En estos momentos se miden fuerzas entre el pasado y el futuro, los que desean el cambio y los que se aferran a viejas formas de pensar, arcaicas y desfasadas. El reto es de proporciones colosales, se trata de construir una sociedad con una visión totalmente distinta, en la cual la democracia, la institucionalidad, la transparencia y los valores éticos sean preponderantes.

Estamos en la hora crucial, necesitando que las nuevas generaciones con pensamientos más frescos y nuevas dinámicas, tomen las riendas del futuro, y superen a sus antecesores. La esperanza que nunca perecerá, es ver a los más jóvenes trabajar en alcanzar novedosas altitudes, que sean mejores -a nosotros- en todos los aspectos; que cuiden mejor del medio ambiente, que generen nuevos empleos y una economía pujante, que aprendan más idiomas… En síntesis, que puedan superar los obstáculos en los cuales se ha tropezado en toda la tortuosa historia nacional.

Es el inevitable salto generacional, en un país fallido donde la democracia nunca terminó de asentarse, las corruptelas políticas siendo el pan de cada día y la “cultura” del robo, el desfalco, siendo algo tan normal. Si se desea algo mejor, estamos en la necesidad de ligarnos a valores como la “verdad”, la “justicia” y nunca dejarlos ir, es imperativo que quienes hoy sufren las tempestades de un régimen apestoso como una momia, las tribulaciones económicas desbordantes y las limitaciones a la libertad, sepan dar la cara ante las esperpénticas circunstancias.

En la actualidad, se le está entregando un panorama deprimente a quienes recién inician sus estudios universitarios o pronto tratarán de integrarse al mundo laboral, pero mientras la juventud vaya de la mano con la justicia y la verdad, habrá esperanza de un mañana en el que nadie deba huir. Hasta entonces, solo queda soportar la tormenta.

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