Una historia de resurrecciones vacías

Escrito por: Alejandro Javier Aguilera M.

La dicotomía política que desde tiempos de la colonia han reinado en Latinoamérica se reduce en la frase del filósofo español José Ortega y Gasset: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”; la polarización de la izquierda y la derecha en nuestro continente a lo largo de veinticinco años no han dejado nada más que humo vendido como un sistema democrático, en donde gracias a la incompetencia del mismo sistema, permite que tiranos o personas poco aptas para los puestos de dirigentes tomen las riendas de nuestros países, traspasando cada cierto periodo el poder o siquiera no haciéndolo en ciertos casos.

Desde que las dictaduras latinoamericanas declinaron y las guerras civiles cesaron a comienzos de los años noventa la región sufrió una metamorfosis en sus sistemas electorales que permitieron llegar al poder a dirigentes de derecha los cuales trataban de recrear un escenario progresista y globalizado para acabar con la miseria en la región prometiendo llegar a imitar a nuestros homólogos europeos. Pero los mismos mandatarios olvidaron que la corrupción y toda la sátrapa que la acompañaba, fagocitaba todo intento de progreso y hasta en casos agudizaba la misma pobreza, por ejemplo uno de los actos de corrupción o violación a los derechos humanos se refleja en gobiernos como Nicaragua durante el mandato de Arnoldo Alemán, el cual robó la ayuda monetaria para beneficiar a los damnificados del huracán Mitch, por otra parte en El Perú con Alberto Fujimori como presidente, se practicó  la eugenesia en la población en la indígena, y en México gracias a los gobiernos priistas, uno de los muchos ejemplos es la decadencia del estado de bienestar socio-económico. Es por eso que como consecuencia de la democracia, la región transitó un estado de paz y libertad, pero a costos muy altos donde la incompetencia de los gobiernos de derecha demostró su incapacidad, por tales motivos los ciudadanos hastiados de su situación brindaron la oportunidad de permitir a la izquierda o partidos que siempre estuvieron relegados a la oposición, tomar las riendas de su países en aras de que reconstruyeran y dieran forma al progreso del que tanto se les privó. Gracias a la naturaleza democrática de los sistemas electorales los partidos obtuvieron el poder, de lo anterior (Moldbug, 2007) explica que la democracia gesta la oportunidad perfecta para que los tiranos lleguen al poder y arrasen con todo rastro del gobierno pasado, y en esta situación los partidos de izquierda o grupos afines lo lograron, gracias a ello explicamos cómo los términos de “socialismo del siglo XXI” o “Foro de Sao Pablo” connotaron en la agenda latinoamericana. La izquierda mediante las malas políticas monetarias y populistas, lograron acabar con la pobreza y ciertos males a cambio de la perversión de las constituciones de los países para permitir la permanencia de ciertos mandatarios.

Hugo Chávez en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Los Kircheners en Argentina, Lula y Dilma en Brasil, Evo en Bolivia, etc; son los agentes de esta transición radical en la cual enfermaron el régimen democrático y las políticas económicas de la derecha, que más mal que bien daban cierta seguridad y figuraban un buen futuro a la región. En la actualidad, no nos sorprende ver cómo la “democracia” en América Latina pende de un hilo o es inexistente en ciertos países, esto claro por la naturaleza nefasta de la izquierda, donde los testimonios de Venezuela, Nicaragua y Bolivia nos trauman, y otros países que se lograron rehuir de estos males como Ecuador o Argentina. Los mermados logros de esos años fueron para los pocos que estuvieron parasitando al sistema político, pero no para los ciudadanos los cuales dieron el poder a los “mesías”.

En consecuencia, del muladar político latinoamericano, se crea una gran incertidumbre que conturba a los ciudadanos con ideales progresistas, en aras de veinticinco años al futuro. ya que, en la lista de desafíos de la región se destacan primordialmente lo referido a lo económico y lo político han sido ignoradas y de no actuar estaríamos imitando el sistema de gobierno de una república bananera tercermundista.

En el aspecto político de no asegurarse un modelo de poder en los cuales no haya antagonistas que se lo disputen, sino que realmente busquen actuar en favor de las sociedades que lo eligen sin borrar el progreso de sus antecesores, en donde se garantice un sistema que confirme la capacidad de nuestros futuros mandatarios para los puestos, exigiendo un filtro en contra del populismo, desconstruyendo desde la base a la democracia o de buscar otro sistema que se adecue a las libertades, derechos y obligaciones colectivas e individuales y corrija las fallas del método actual.

En economía, buscar la ejecución de programas o ideologías progresistas que sean inmunes a los males de la corrupción y esté a favor de las libertades individuales, buscando imitar los modelos o políticas que hayan funcionado en otros países, en favor siempre de un progreso que garantice la diversificación, inclusión social y buen manejo de las riquezas y recursos de cada estado.

Buscar que un sistema que ha demostrado sus falencias ontológicas y que es propenso a la creación de tiranías, nos salve de nuestra inminente desgracia es una utopía que no se realizará. De seguir con el rumbo que usualmente se transfigura como trágico podríamos terminar como la civilización que vio nacer a la democracia, completamente extintos o dominados por una potencia tiránica (a como quizás actualmente sucede). La historia y el presente vaticinan las quimeras duraderas que podrían desahuciarnos en los próximos veinticinco años, para caer en las indómitas y diáfanas fauces de Saturno, relegándonos a una tortuosa digestión de involuciones.

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