Algún día, República

Escrito por: Carlos Téllez

Nicaragua ha tenido una larga tradición de gobiernos déspotas y autoritarios que como único legado a la nación ha sido la limitación del país para erigirse como constructora de su propio destino y crecimiento. Ejemplos como el de la dinastía Somocista y sus tres generaciones de caudillos, o el de Zelaya se quedan cortos si lo comparamos con el caudillo que más tiempo ha detentado el poder en Nicaragua: Daniel Ortega. El mismo que ha llevado a la situación actual a nuestro pequeño país.

Hoy la situación que se vive en el país no deja de ser cíclica y rememora los tiempos más oscuros de la dictadura somocista, dejándonos como aprendizaje que poco importan las consignas partidarias, las corrientes ideológicas, las luchas revolucionarias y los bandos cuando se trata de dinero, avaricia y poder. Que la corrupción, la negación del estado de derecho y la vulneración de los derechos fundamentales se vuelven vehículos potenciadores de los gobiernos déspotas que sólo buscan su beneficio propio.

disfrazándolo como común mediante mensajes de paz, prosperidad y unión. Y son precisamente, Daniel Ortega y Rosario Murillo, los que más se han servido de estos tres elementos, creando mediante la corrupción un sistema clientelista, eliminando la separación de poderes y el imperio de la ley para obtener el poder, y, por último, vulnerando los derechos fundamentales para mantenerlo y eliminar cualquier rastro de oposición que busque libertad y justicia. Ante esta tragedia política es ante lo que el pueblo nicaragüense, y en especial los jóvenes, se han levantado.
El pueblo nicaragüense busca justicia, libertad y democracia, valores de cualquier estado democrático y de derecho garante de desarrollo. Y no tengo dudas de que, bajo el extenso cielo azul de Nicaragua, tarde o temprano, ante este o ante otro caudillo se conseguirá, porque a pesar de la aparente actitud sosegada de los nicaragüenses se esconde un pueblo bravo y gallardo que no descansará hasta ver al tirano derrocado y obtener la libertad que como pueblo nunca debió de habérsele arrebatado y de tener de una vez por todas a una Nicaragua que verdaderamente sea república. Porque como dijo el más insigne de mis compatriotas: “Cuando la patria es pequeña, uno grande la sueña”.

¡Viva Nicaragua! ¡Viva la República!

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