Me cuidan a mi osito.

Escrito por: Ernesto López

Ese día como todos los días me levanté con ganas de jugar, siempre me he levantado temprano, desde que estaba en la panza de mi mamá.

Recuerdo que mi papá me cantaba canciones bien lindas que hablaban de Jesús, yo le llamaba “papachú”. Mi abuelito era pastor evangélico y todas las noches antes de comer nos leía la Biblia, cerrábamos los ojos, yo los escuchaba murmurar, a veces por curiosidad los abría y miraba a mi hermanito en su sillita queriendo alcanzar su pachita y el pan.

La noche del 15 de junio escuché a mi mamita llorar, hablaba sobre unos niños y jóvenes muertos, mi papito la consolaba y le decía que la justicia vendrá de Dios. No sé qué es la justicia, pero si viene de Dios debe ser buena. Mi hermanito jugaba en su cuna mientras yo abrazaba a mi osito de peluche.

Mi familia era muy trabajadora, gracias al sudor de su frente tenemos una casa bien grande, una casa de tres pisos con una gran terraza, recuerdo que mi mamá llevaba a mi hermanito a la terraza cuando estaba muy inquieto, yo siempre me les juntaba y aprovechaba a jugar con mi osito. Eran lindos momentos que pasábamos en familia, mientras mi papá trabajaba en el primer piso, nosotros corríamos y gozábamos en la terraza.

La madrugada del 16 de junio todo cambió. Yo estaba en mi cama cerca de la cuna de mi hermanito, escuchaba a mis padres gritar, había mucha bulla, mi papito estaba llorando y gritando, yo no entendía que pasaba. De repente, empecé a sentir calor, mucho calor, mi mamá nos abrazaba llorando y gritaba auxilio, auxilio, había mucho humo, pero en medio los grises, lograba ver hombres vestidos de negro y azul. Mi hermanito lloraba sin cesar, yo quería llorar, pero no podía, mis abuelitos estaban clamándole a Dios mientras mis tíos gritaban con todas las fuerzas. 

Lo último que recuerdo es la fuerza con que mi mamá nos abrazaba, yo solté a mi peluche y me aferraba al pecho de mi mamita. Cerré los ojos y me dolía respirar.

El 17 de junio me levanté en un lugar bello y lleno de ángeles, caminaba junto a mi hermanito y ya no tenía miedo, todo había pasado, todo fue un sueño, ahora estoy en mi hogar junto a papachú. Les mando un abrazo y les pido que no se olviden de nosotros y por favor… me cuidan a mi osito.

En memoria de la familia quemada por los paramilitares en el barrio Carlos Marx 

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