El nacimiento de un inmortal, Álvaro Conrrado.

Escrito por: Joseph Renauld Bendaña.

 

Ese día los estudiantes se habían levantado en una protesta pacífica. Grandes grupos de la sociedad civil se sumaron a esta causa que desde un inicio fue multitud masiva. Solo una persona carente de inteligencia y llena del más perverso cinismo se atrevería a opinar lo contrario, esa persona sería minúscula, ciega y estúpida. Nicaragua sí fue masiva desde el inicio de la lucha.

 

(Se escuchan voces y gritos de participantes que están unidos por un mismo propósito.)

 

-Compañeros. -Dijo un Estudiante- tenemos que defender nuestra patria puesto que está siendo gobernada por gente cínica, sin escrúpulos. Es decir, este gobierno está pasando por encima de nuestros derechos amparándose en los poderes del estado y encubriendo su mal proceder en nombre del cristianismo.

 

(Se escuchan voces y gritos en aceptación a lo que el joven dijo, luego entre la multitud apareció un jovencito de quince años regalando agua a los estudiantes que estaban atrincherados)

 

-Vengan…, vengan, aquí les traje agua.

 

-Gracias por el agua que has traído, ¿Cómo te llamas niño?

 

-Mi nombre es Álvaro Conrado. -dijo el niño.

 

-Estamos muy agradecidos por el agua que has traído, pero dime niño, ¿quién te ha pedido que nos trajeras agua?

 

-Nadie, eh nadie me lo ha pedido, pues lo hago para apoyar esta causa. Soy nicaragüense con mucho orgullo y debemos estar unidos. Quiero una Nicaragua libre y tener la plena seguridad de que voy a seguir estudiando para llegar a ser un buen profesional.

 

-Gracias nuevamente por el agua. -El estudiante le sonrió al niño- Eres un niño valiente y muy inteligente, tranquilo chigüincito vas a llegar a ser ese buen profesional que deseas ser en una Nicaragua libre de las injusticias de este régimen, te lo aseguro.

 

El muchachito escuchaba atento al joven que le hablaba cuando de pronto una bala mortal atravesó su garganta provocando que cayera al suelo con gran fatiga y desesperación por respirar. La bala asesina fue disparada por policías que fueron enviados a atacar al pueblo. Una orden que el mismo gobierno ejecutó para oprimir a los que contra él protestaban.

 

Gritos, pedimentos de auxilio se escucharon al instante entre la ciudadanía.

 

– ¡Auxilio!

– Corramos, hay que llevarlo a un hospital.

– Por aquí, un médico que venga, necesitamos un médico.

 

El niño, aún con vida, fue trasladado a un hospital en un vehículo particular, pero los médicos de turno se negaron a atenderlo por las instrucciones claras y precisas que dio el gobierno al Ministerio de Salud de negar asistencia médica a personas que resultaran heridas durante las protestas, retardando operaciones y administrando medicina de poca o nula calidad.

 

Fue así como Álvaro Conrado murió a causa de negligencia médica ordenada por el gobierno. Ese día nació un nuevo héroe nacional, pero murió un hijo, un amigo, un sobrino, un compañero. Se apagó su brillante mirada, su alegre e inocente sonrisa y su sueño de llegar a ser un gran profesional.

 

No tengo miedo de guardar la historia a través de mis escritos, y tampoco Nicaragua olvidará.

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