Mujer campesina, la flor de Nicaragua

Escrito por: Kimberly Jiménez

En un rincón de mí amada Nicaragua, existen mujeres que no dependen de maquillaje, moda o likes. Son mujeres que usan botas de hules y chinelas Rolters pero que su belleza es más transparente que cualquier otra.

Son las mujeres campesinas la columna de fuerza que todavía sostiene los valores como el centro de su educación. Algunas no han pisado escuela más saben enseñar sobre respetar, cortesía y esfuerzo.

Del vientre de muchas campesinas nacieron hombres como los que murieron en las defensa de nuestra liberación nacional y tal vez de una de ellas nació el que lea este artículo. De una ellas nací yo.

Las mujeres de los pueblos no saben de tendencias o redes sociales, no obstante, reconocen los peligros y saben que los tiempos han cambiado. No dejan sus ideales para ser aceptadas. Ellas solo quieren el bien para su familia y sus generaciones.

En comparación de las mujeres de la ciudad, las mujeres del campo no son débiles. Tienen la capacidad de cargar galones de agua para el sustento de sus hijos e hijas. No le tiene miedo al machete o al fuego.

No hay nada más cálido para  la mujer de mi pueblo preparar café del grano que ella misma regó, tostó y molió. Así como hacer la tortilla del maíz de su parcela o  la gallina que tomó de su patio  para cocinar una suculenta sopa.

Cuando tenemos la experiencia de conocer una mujer campesina, te das cuenta de la esencia de la cultura nicaragüense, pues no olvidan a sus ancestros sino que preservan aquellos cantos, leyendas, mitos, costumbres y sazones de nuestras raíces indígenas.

Las mujeres campesinas son las flores silvestres más bellas, más dotadas de encanto que cualquiera en la ciudad, ellas representa a Nicaragua más que cualquier Miss o reina de belleza. Ellas son las artesanas, agricultoras, maestras de sus hijos, ellas son cultura.

Por el valor que las mujeres campesinas tienen, erradiquemos la discriminación tratémoslas con igualdad. Cuando nos topemos con una de ellas en la ciudad trátala con el respeto que según la carta magna de los derechos humanos todos merecemos.

No te fijes en las callosidades de sus pies o  las chinelas Rolters, ni el tono de su hablar;  fijémonos en la entereza de carácter que sus ojos trasmiten, en la calidad de su sonrisa que no necesita de filtro para demostrar la belleza de la mujer nicaragüense. ¡Ellas son Nicaragua!

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