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Escrito por: Lucía Isabel Parés

Los estereotipos existen desde que el humano comenzó a estudiarse a sí mismo.  El afán de acomodar a la gente en cajas y en categorías no es nuevo ni extraño, por lo que el subestimar la inteligencia de un joven por su edad es lamentablemente muy común. Este es un error por diversas razones, entre ellas el hecho que, como nuevas generaciones, tenemos a nuestra disposición la más amplia documentación de la historia de la humanidad, que nos cuenta sobre los experimentos de civilizaciones lejanas y proyectos de naciones cercanas, y nos indica qué rumbo tomar en el presente.

Es de conocimiento (aunque no de práctica) común que quienes no conocen su historia están condenados a repetirla, y la mayor prueba de este postulado es la diversa gama de mandatarios que plagan nuestras naciones latinoamericanas, y que pertenecen a un grupo del que poco se habla, pero del cual se debería discutir mucho más: los populistas.

El populista tiene un variado catálogo de características de las cuáles elegir para manipular y someter a una nación a su voluntad y sus intereses, y entre los más populares se encuentran la división entre el pueblo y el anti pueblo, las promesas irreales hechas a un grupo de gente desesperada, el asociar el terror y el hambre con términos y teorías que nunca han llegado a nuestros territorios (como el libre mercado) para que la población se convierta en enemiga del verdadero progreso, la defensa de los derechos sociales de las “minorías” y de los “oprimidos” en lugar de los derechos individuales (pues, al final, la minoría más pequeña de todas es precisamente el individuo), adornar términos propios de su ideología con la palabra democrática para intentar legitimar sus engaños, la creación de distracciones o cortinas de humo para mantenernos enajenados en el mismo círculo sin fin, y mucho más. Es verdad que son generalmente los gobiernos de izquierda los que promueven este tipo de tácticas, pero el populismo puede ser tanto de izquierda como de derecha. Las señales son claras en ambos lados.

El objetivo del populismo es siempre el mismo: llegar al control del Poder Ejecutivo para luego apropiarse de los otros Poderes, comprar adeptos con promesas del cuidado y dádivas (que no vienen siendo gratis porque los pagamos con impuestos) de Padre Gobierno, formar alianzas con otros regímenes totalitarios del territorio para tener algún tipo de respaldo internacional, oprimir la libertad de expresión primeramente y el derecho a la propiedad privada y la vida más adelante, y continuar acallando hasta robar lo más posible, y repartirse entre sus compinches. Una vez destruido el Sistema, huyen del desastre, y nos toca a nosotros la tarea de reconstruir y reinventar el proyecto de Nación.

El gobierno debe ser limitado, y tiene la obligación de asegurarme tres derechos inalienables: vida, libertad, y propiedad. Más allá de esto, no debería meterse en mi vida y mis decisiones. Pero en sistemas débiles como el nuestro, lo hace. ¿Creo yo que en Nicaragua reina el populismo? Absolutamente. Pero la solución es real, y es accesible; debemos invertir nuestro tiempo y otros recursos en lo que no nos pueden robar: el intelecto. La batalla que debemos luchar y ganar, es la de las ideas, porque son esas ideas, ese conocimiento y esas verdades, las que nos harán libres.

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