La educación en línea: otra oportunidad para aprender

Por Paulo Montessori

A lo largo de mi vida me he sentido a disgusto en las escuelas. Desde tierna edad me perturbaba que me dijeran qué debía aprender y cómo hacerlo. Y no era porque fuese un niño malcriado o rebelde, no –en realidad era muy tímido–. Lo que me intimidaba para seguir las indicaciones era la poca paciencia de los profesores, los regaños y en ocasiones las agresiones físicas como nalgadas y pellizcos que suscitaban la burla de mis compañeros. Así no era bonito aprender.

Dado que mi naturaleza introvertida se resistía en silencio a estos atropellos usualmente no era un buen estudiante, pero sí un chavalo bastante curioso. Me encantaba ver esos programas de TV en donde te enseñaban a hacer cosas por vos mismo. Empecé a buscar revistas, manuales y libros que me informaran sobre creatividad e innovación desde el ‘hágalo usted mismo’. Con el tiempo me convertí en autodidacta.

Durante mi juventud se dio el nacimiento de las redes sociales y el mundo cambió para siempre. Repentinamente me vi bombardeado de información, noticias, imágenes y videos de todo tipo. No sabía qué hacer ni por dónde empezar. Me sentía intimidado otra vez, como cuando era niño, pero a diferencia del miedo que me daban mis maestros el Internet se iba perfilando como un ente amigable a la vez que misterioso, dispuesto a ofrecerte lo que necesitaras si estabas dispuesto aprender. Yo quise aprender.

Así fue. Los videotutoriales de Youtube se convirtieron en mis grandes aliados, trataba de seguir páginas web educativas y traveseaba con cualquier software que me resultara interesante.

Pero, a pesar de mi voluntad, a veces sentía que los tutoriales, artículos y empirismo no llenaban mis expectativas. Quería saber más, pero sin tener que vivir la pesadilla de docentes severos, compañeros burlescos y rígidos horarios de la vida escolar.

De repente ocurrió otro milagro: la educación a distancia se consolidó. Los cursos con maestros y especialistas de reconocidísimas universidades de todo el mundo con planificaciones curriculares que no se desviaban del tema estaban ahí, y también mi libertad para estudiar a gusto, a las horas de mi preferencia, a un clic de distancia. Era demasiado maravilloso.

Años después de que esta fantasía se concretara, navegando por la red, encontré la noticia de que el gobierno de Nicaragua pensaba implementar la educación a distancia para los jóvenes, que, por cualquier razón, no pudieron estudiar, tuvieran otra oportunidad. También es una excelente oportunidad para los jóvenes que no estamos conformes con el sistema escolar clásico, para los amantes de los viajes o para las personas muy tímidas o experimentales, como yo.

Este proyecto, que fue anunciado en octubre, aún es muy nuevo. Falta ver los resultados para evaluar su eficacia en promover el autoestudio, el uso de las tecnologías de la información y comunicación, que se brinde la adecuada capacitación a los docentes –tanto en tecnología digital como en pedagogía- entre otras cuestiones. Sin embargo, que el estado de Nicaragua esté dando la pauta de que el futuro educativo sea accesible para los y las nicaragüenses es una iniciativa que debe ser apoyada y difundida.

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