Una mirada hacia la realidad

Por: Fernanda Castro C.

Hace 194 años que se firmó el acta de independencia, por la cual Nicaragua dejaba a un lado el sometimiento a la corona española, pero en la actualidad parece no haber transcurrido ese pasar en nuestra historia. En la actualidad vemos como la corrupción se convierte en un mal endémico, que abarca tanto el sector público como el privado, un fenómeno que se pone de manifiesto en todos los niveles y sectores sociales de la vida económica, en el que los gobiernos siguen una constante que no es precisamente la búsqueda afanada del bienestar socioeconómico del país.

Sin duda alguna hoy en pleno siglo XXI vemos como la tiranía se ha posicionado del Estado como un botín al cual tienen derecho por haber sido seleccionados como gobernantes. La rendición de cuentas y el control social hasta ahora no ha sido vista como normal en una relación regular entre Estado y sociedad.

La sociedad nicaragüense ha asumido y tolerado las prácticas corruptas en su devenir histórico, ya que muy pocas son las voces que se atreven a hablar sobre este tema que no debería sernos apático ya que este espacio no existe como bien público para el aprovechamiento del colectivo sino que es considerado más bien como un medio del cual se pueden sacar provechos personales.

La corrupción está latente y en nuestras manos esta poner un alto a esta situación, evidencias de este fenómeno que nos ataca silenciosamente son: La detentación del poder en manos de un sólo jefe de Estado, lo cual se convierte en tiranía, los fraudes académicos, la falta de aplicación de la justicia, tantos niños en los semáforos, los privados de libertad , entre otros son factores que evidencian la situación actual de la corrupción que ha trascendido de lo político a lo social , sin dejar atrás la carente educación que nos rodea.

Nicaragua sin duda alguna padece de una enfermedad que día a día pretende ir haciendo a un lado las buenas costumbres y la práctica de valores, y es precisamente “La corrupción”, que sin proponerse ha marcado en la población una línea divisoria, pues muchos han sido los líderes de izquierda o de derecha que han ostentado el poder sin cumplir lo prometido en sus consignas políticas, logrando únicamente enriquecerse y olvidarse de las promesas hechas al pueblo durante el periodo electivo; lo que resulta perjudicial para el país, con lo que se logra la destrucción del país, de tal forma que es difícil considerar que Nicaragua resurja de las cenizas.

Sin duda alguna lo antes expresado es producto de la desenfrenada carrera por el poder y el dinero de los responsables, conllevan a una bomba de tiempo que esta pronto a estallar. Jóvenes nuestra tarea es educarnos para conducir a Nicaragua hacia el horizonte del progreso, de la justicia y la paz social, donde generemos cambios y nos responsabilicemos como ciudadanos que somos en la búsqueda del desarrollo de nuestro país.

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