¿Nadar contra la corriente?

Por: MaJoCh

“No podemos seguir pensando en prevenir y erradicar la violencia hacia la mujer si no incluimos a los hombres”

Prevenir la violencia hacia la mujer implica no solo fortalecer la legislación del país con nuevas y modernas leyes, si no también hacer cambios en la mentalidad de todos y todas, esto incluye además cambios en la masculinidad que hastahoy ha sido vista como un caso perdido, como algo irreversiblemente violento. Pero, ¿Nos hemos preocupado por enseñarles a los hombres (de todas las edades) que se puede ejercer  una masculinidad alejada del modelo violento y machista que tanto persigue sancionar dicha ley?

Claramente ha sido el tema de menos interés en las acciones de prevención que se han hecho y del que menos se ha hablado a los y las nicaragüenses, no podemos seguir pensando en prevenir y erradicar la violencia hacia la mujer si no incluimos a los hombres, que son quienes originan y perpetran dicha problemática.

A pesar que el artículo 2 de la ley 779 establece que deben mejorarse las políticas públicas e impulsarse campañas para la prevención de la violencia hacia la mujer, es en lo menos que se ha hecho énfasis, ya que desde que la ley se aprobó, ha sido presentada y por ende interpretada por la población en general como una “ley anti hombres” o “Ley satánica” como es llamada en algunos medios de comunicación, estos términos lejos de educar y prevenir abonan aún más a la confrontación entre hombres y mujeres.

No podemos seguir obviando que hay un choque entre la mentalidad patriarcal que prevalece en la población, lo que se conoce de la ley y la aplicación de la misma, aunque se busquen otras causas por el incremento de las muerte de mujeres, es la falta de educación y sensibilización antes y durante la aplicación de la ley lo que ha aumentado los feminicidios.

El pensamiento imperante en los hombres es “si de todos modos me van a echar preso mejor la mato de una vez”, esta es la preocupante respuesta del sistema patriarcal machista en su máxima expresión, si no apostamos desde todos los espacios (escuelas, centros de salud, instituciones estatales, Iglesias y ONG) a una masculinidad diferente, que promueva la expresión de sentimientos, el ejercicio de la paternidad, la resolución de conflictos mediante el diálogo, la prevención de uso de armas y alcohol como muestra de poder y de “macho” respetable, es decir una masculinidad totalmente desligada del prototipo tradicional , algo que parece sencillo de hacer y que para algunos sectores es irrelevante al tema, pero debemos reconocer que el comportamiento violento de los hombres es resultado de los mandatos que socialmente promovemos y validamos tanto mujeres como hombres desde los estilos de crianza y desde la cotidianidad.

Es incluyendo este enfoque que se puede hablar de una efectiva respuesta a la prevención de violencia hacia la mujer, ya que con la exclusión de los hombres de las políticas de prevención, seguiremos atendiendo a las victimas pero no evitando que hallan más. No se tratar de nadar contra la corriente, si no de cambiar entre TODOS y TODAS el curso de la misma.

 

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