A propósito de Puente y ser joven nicaragüense…

Por: Javiera Corea

Dicen que el aprendizaje del ser humano corresponde a que un estímulo del medio produce una respuesta por parte del organismo, y si se repite constantemente, se establece un enlace estímulo-respuesta. Inicio hablando de esto, porque además de que lo leí en algún lugar y no logré sacarlo de mi mente, es interesante pensar que la mayoría de los actos relevantes y no relevantes de nuestras vidas obedecen a un estímulo del medio.

Mi relación con PUENTE inicia con un estímulo del medio en aquel entonces: acciones y omisiones en grandes cantidades por parte del gobierno Sandinista (autodenominado de esa forma, debo aclarar) contra la estabilidad del país y la libertad de sus ciudadanos. Nosotros, un grupo de chavalos universitarios, yo de 16 años en ese momento, otros cuantos un par de años más, todos bajo el mismo estimulo: un gobierno opresor.

Y es que ante ese estimulo la única respuesta lógica para mí, era “hacer algo”. Pero, muchos estarán de acuerdo conmigo en que ese “algo” es muy difícil de concretar solo. Quiero contarles, cómo fue que mi conciencia cívica se avivó hasta el punto de acción real. La empatía con las personas que en el 2008 (año en el que inicié mi carrera universitaria) se encontraban bajo el yugo del empalamiento político del gobierno Sandinista, motivó además de mis ideas sobre una Nicaragua ideal, un movimiento juvenil incipiente, sin ningún tipo de denominación, que en principio sólo actuaba para concientizar al resto de jóvenes apáticos a los acontecimientos de ese momento.

Jóvenes pidiendo a gritos justicia y democracia, exigiendo en tonos altos respeto por el pueblo que puso a ese gobierno al servicio de la nación, y por el pueblo que no los puso ahí también; jóvenes que sin duda amaban a Nicaragua y volcaban las fuerzas de ese amor patriótico contra los obstáculos que se interpusieran entre ellos y su patria, la amada. Y parte de ese grupo jóvenes con conciencia y voluntad, decidió cambiar las reglas del juego político, de ese que se ha jugado en estas tierras, para que la dinámica estímulo-respuesta de la juventud nicaragüense, verse sobre el intelecto, la cultura y el trabajo.

Con ese grupo de chavalos me identifiqué entonces y con ese mismo grupo de chavalos me reencontré hace poco tiempo, trabajando con objetivos claros y un compromiso fortalecido. Han sido cinco años de trabajo, de perseverancia y tenacidad ante las adversidades, que no han podido doblegar nuestras ganas de tener una sociedad justa. Sin duda, el trabajo de la juventud nicaragüense que no figura en las filas de ningún partido, es difícil y altamente satisfactorio a la vez.

Ahora, cinco años después. Buscamos replicar en otros jóvenes esas ideas y sentimientos que un día nos movieron a hacer algo por nuestro país. Queremos construir un grupo de ciudadanos pensantes, con ideas diversas, que respeten aun cuando no coincidan con la mayoría.

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