Seguros… Sólo en núm3r05

Por: Juan Carlos García

Son las cinco de la tarde en Managua, las paradas de buses están llenas, personas cruzan las calles sin ninguna precaución, las bocinas de los autos ensordecen a todos, unos salen de sus trabajos y corren por llegar a casa, mientras otros aprovechan este ajetreo para empezar su jornada de trabajo. ¿Sabés a qué me  refiero verdad?

Guardar los celulares en los genitales, meter el dinero en las bolsas pequeñas de los pantalones y hasta en los zapatos, ponerse la mochila en la parte de adelante y sostenerla con firmeza… Son tan sólo algunas de las medidas extrañas, extremas, pero necesarias para sobrevivir en Managua, al menos si viajas en ruta, al menos si sos de esa millonada de personas que no tienen un auto y que deben arriesgarse a ser asaltados, heridos, golpeados y hasta manoseados en el transporte público de la capital.

Al pensar sobre seguridad ciudadana en Nicaragua, sólo se me vienen a la cabeza las múltiples situaciones de extrema inseguridad que he vivido. Así también, recuerdo las miles de anécdotas que algunos amigos y conocidos me han contado. No sé cómo puede decirse que Nicaragua es el país más seguro de Centroamérica, cuando los noticieros, en cada una de sus ediciones, están repletos de asaltos, robos, homicidios, asesinatos, femicidos y violaciones, por nombrar algunos de los sucesos más “repetitivos”.

Yo he sido asaltado en las rutas, a las afueras de mi universidad, en las paradas de buses, en los puentes peatonales y hasta frente a mi casa. En cada una de estas situaciones, me indignan dos cosas más que la pérdida de mis objetos personales y materiales, por un lado, la negligencia con que la Policía Nacional realiza el seguimiento e investigación (si es que se toman a la molestia de hacerlo), por otro, la falta de solidaridad de las personas que presencian los robos en las calles y no hacen nada por ayudar a las víctimas, que no tienen otra opción más que quedarse calladas, quietas para que el ladrón les haga el “favor” de no golpearlas, herirlas o matarlas.

Parece que la adversidad nos está cambiando y no es para bien. Hemos dejado de ser humanos, somos peor que animales, porque al menos los animales por curiosidad se acercan al que está herido sea para verlo, ayudarlo o siquiera morderlo para saber si está vivo.

Me parece que por encima de los números está la seguridad de un pueblo, de un pueblo que se crea esos números, pero que sobre todo se sienta parte de esos números. Porque, una cosa es lo que dicen las estadísticas y otra muy diferente es la realidad que millones de personas viven a diario.

La seguridad ciudadana no se mide en gráficos y no se hace en un escritorio. La seguridad ciudadana se mide en las calles, en los barrios, entre la gente más vulnerable y se hace monitoreando, vigilando, restituyendo derechos, pero también deberes. Y a todo aquel funcionario público que se aferra a la idea de que Nicaragua es el país más seguro de toda Centroamérica, lo reto a que viaje por una semana en ruta, que camine por las calles de Managua y se interne en los barrios… ¿Será que después de vivir eso se siga creyendo los numeritos de las estadísticas?

 

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