Policías… ladrones e inseguridades

Por: Génesis Milagrosa Hernández.

El viernes 22 de junio de 2012 escribí en mi blog una entrada llamada “Policías, ladrones e inseguridades” que trataba acerca de la seguridad ciudadana y donde expresaba lo siguiente:

“Si realmente somos un país seguro, ¿Por qué la Policía Nacional se hace de oídos sordos a las denuncias, llegan varias horas después o minimizan lo que ha ocurrido? En más de una ocasión he escuchado de policías que incluso se burlan de las víctimas de robo, entonces, me pregunto, ¿De qué sirve que seamos un país seguro si la institución que debe velar por la seguridad ciudadana (la Policía Nacional) no se esfuerza porque mantengamos ese nivel? ¿De qué sirve que a una escena del crimen lleguen más pronto los noticieros de nota roja que una patrulla policial? ¿De qué sirve si la gente ha perdido la confianza en los oficiales que deberían infundir respeto entre la población?

Tal vez sea utópico, pero para mí, la seguridad ciudadana debe nacer en la propia institución, deben renovarse y reforzarse éticamente, además de mejorar las condiciones de trabajo, humanizarse y laborar con vocación para que su lema de SEGURIDAD. HONOR. SERVICIO. Realmente se cumpla y sea acorde con las acciones que realizan cuando patrullan una calle o cuando un ciudadano o ciudadana llama al 118 por una emergencia.”

Ahora, me sorprende que exactamente un año después de haber escrito eso, ocurriera un ataque tan brutal como el cometido contra los jóvenes que apoyaban la protesta de #OcupaINSS e incluso con los ancianos que reclamaban sus derechos. Al saber lo que ocurrió esa madrugada yo perdí toda fe en la policía, sobre todo en su directora Aminta Granera que para mí pasó de ser alguien respetable a una persona cobarde que ni siquiera dio la cara después de que sus subordinados, los que se supone que trabajan por y para el pueblo, se convirtieran en sus verdugos.

Es cierto, vivimos en un país donde no tememos ser asesinados o secuestrados en cualquier momento, un país que no está bajo las garras de las maras o los narcotraficantes, un país donde aún podemos caminar por las calles con relativa calma… Pero, tenemos a la Policía Nacional, así que no podemos sentirnos tan seguros como quisiéramos.

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