Integración centroamericana: ¿cesión de soberanía o construcción de la independencia?

Por: Paula Flores, Guatemala

“Vamos a andar con todas las banderas trenzadas de manera que no haya soledad.”

– Silvio Rodríguez –

El tema de la integración centroamericana se remonta al siglo XIX, cuando empezaron a surgir las primeras ideas luego de que se desintegró la Capitanía General de Guatemala. Muchos han sido los esfuerzos y fracasos suscitados desde esa época, por lo que es importante hacer un breve repaso histórico para poder contextualizarnos y, así, comprender la actualidad.

En 1823 se consolidaron las Provincias Unidas del Centro de América y, posteriormente, estas se convirtieron en la República Federal de Centroamérica.

En 1842 se creó la Confederación Centroamericana, misma que comprendía, entre otros asuntos, la moneda, la seguridad y, sobre todo, las relaciones exteriores. Sin embargo, los mismos problemas que se gestaban entre sus miembros pusieron fin a ella tan solo tres años después de su creación.

En los años siguientes de ese siglo, muchos fueron los esfuerzos por integrar a los Estados que formaban parte de esta región, pero la inestabilidad política que caracterizaba a la época, y los intereses opuestos de los líderes, ocasionaban el precipitado fracaso de tales iniciativas. Entre estas se pueden mencionar, muy a grandes rasgos, el pacto de confederación de Representación Nacional, el Pacto de Unión Provisional de los Estados de Centroamérica, la República Mayor de Centroamérica y los Estados Unidos de Centroamérica (conformados por El Salvador, Honduras y Nicaragua).

Para principios del siglo XX, en el marco de su política del “Gran Garrote”, Estados Unidos convocó a los países centroamericanos a una conferencia en Washington, cuyo objetivo era que pusieran fin a sus diferencias. Lo que se logró fue que firmaran un acuerdo de paz y amistad, y varias convenciones. Este acuerdo, con todo lo que promulgaba, fracasó estructural y políticamente.

Años después, en 1921, Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica firmaron el Pacto de Unión Federal pero, nuevamente, la inestabilidad política al interior de los países terminó con otro ensayo de integración que duró solamente un año.

Para 1923 se firmaron nuevos pactos pero no tuvieron mayor incidencia en las relaciones entre los países de la región.

Ya para mediados del siglo XX se firmaron la primera y la segunda carta de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), misma que sentó las bases y dio paso a la creación del Mercado Común Centroamericano, el Sistema de Integración Centroamericano y el Parlamento Centroamericano.

Todos ellos, organismos de integración que funcionan en la actualidad.

Al conocer la historia de la región, las guerras que se dieron al interior de los países, la inestabilidad política vivida durante más de cien años y la constante injerencia de países como Estados Unidos en toda la trayectoria “independiente” de estos, se comprende mejor por qué en la actualidad es tan difícil que los mecanismos de integración funcionen como se espera.

Sin embargo, ha surgido un debate interesante entre quienes afirman que la integración conlleva a la pérdida de soberanía de los países, y entre quienes sostienen que Centroamérica puede salir adelante solo si se logra integrar.

Cabe mencionar que, debido a la importancia geoestratégica y geopolítica de la región, su soberanía se ha visto muy limitada desde siglos atrás, y se hizo más evidente con la aplicación de la Doctrina Monroe, la política del buen vecino, el panamericanismo y cuando organismos internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, empezaron a ejercer influencia en las decisiones políticas y económicas a lo interno de cada país. Por lo tanto, no es válido reclamar la soberanía como punto para oponerse a un proceso de integración.

También es necesario señalar que este proceso, como medio para conseguir la independencia, debe estar libre de las ataduras de los tratados de libre comercio y otros métodos de subordinación de un país sobre otro. La integración debe ser concebida como un mecanismo en el que se logre, mediante igualdad de condiciones, la autodeterminación de los pueblos, la soberanía popular y la defensa de los recursos naturales, entre otros aspectos igual de importantes.

Se está viviendo un cambio de era, en el que las movilizaciones y demandas populares exigen también un cambio de paradigma, donde existan mejores condiciones para lograr igualdad social y desarrollo integral.

Esta reestructuración del poder, y el consiguiente y paulatino logro de independencia para la región, solo es posible mediante la integración de todos los países para que, entre ellos, puedan hacer frente a las medidas económicas y políticas provenientes del sistema neoliberal y de su régimen económico capitalista.

Es por ello importante vigilar, cuestionar y aportar, desde cualquier ámbito en que nos encontremos, al trabajo que realizan las instituciones encargadas de mantener y fortalecer la integración de nuestro territorio.

 

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