Y ahora ¿Quién podrá defendernos?

Por: Juan López.

No crean que le estoy pidiendo ayuda al Chapulín Colorado, no es esa la intención de este artículo. Aunque a veces, viendo la situación que vivimos y siendo que la Policía Nacional no hace nada por frenar esta “anarquía generalizada”, por decirlo de la manera más civilizada que puedo, me dan ganas de invocar al pintoresco héroe mexicano, porque ya no sé qué hacer y no encuentro a quién reclamar o pedir ayuda por las constantes violaciones a las leyes de mi Nicaragua, de las que diario y en todos lados son testigo.

Se supone que la Policía Nacional es la principal defensora del orden público en Nicaragua, se supone, porque en realidad y me atrevo a decirlo, no está cumpliendo con su labor, al menos no en su totalidad, al menos no como se debe.

A diario veo, como la “ética” y el “profesionalismo” de algunos policías se vende por unos cuantos pesos. Sea para evadir una multa o para que dejen en libertad a un familiar que resultó detenido por algún delito. Sí, así están las cosas en Nicaragua, la Policía pasó de ser la reguladora del orden en el país a ser el cuerpo de guardaespaldas de delincuentes, tra­ficantes de drogas, violadores, asesinos y hasta de funcionarios públicos corruptos.

De modo que, las denuncias impuestas por un ciudadano promedio son lanzadas a la papelera de reciclaje de quienes las recepcionan en los distritos policiales. Sin embargo, las de las personas con apellidos rimbombantes o con mayores posibilidades económicas reciben un seguimiento riguroso, a cambio de una generosa mordida, proporcional al delito o falta cometida por supuesto.

Y no es sólo eso, ahora los Records Policiales y Certifi­cados de Buena Conducta pueden ser alterados y puestos en blanco a cambio de una “módica cuota”. Es decir, que podés matar, robar y hasta violar sin preocuparte porque luego no vayas a encontrar empleo. Pero, lo peor no es eso, lo peor es que en tu empresa, organización o institución podés tener trabajando a un delincuente que a cambio de unos cuantos pesos pasó de ser el más buscado de su distrito a ser el ciudadano ejemplar. Si nos ponemos a hablar de otros departamentos de la Policía Nacional tenemos mucho que decir:

Droga Nacional por ejemplo, no debe negarse que han realizado grandes quiebres a trafi­cantes internacionales y a muchos expendios locales. Sin embargo, las cantidades incautadas no coinciden con las que son incineradas públicamente. Además, si ven a alguien en la calle con “actitud sospechosa”, lo requisan sin haber orden de por medio y si tiene droga bueno y si no… Ellos la ponen, pero de que te incautan droga, te la incautan, aunque ellos la paguen ¿O la toman de las mismas incautaciones?

Tránsito Nacional, debería de regular el tráfi­co, aunque al ­final terminan deteniendo conductores casi que al azar, sólo para que no crean que están ahí haciendo nada, porque al fi­nal terminan siendo eso, unos espantapájaros con placa y uniformes, que a cambio de unos cuantos pesos para la gaseosa te dejan pasar, aunque vayas sin casco, cinturón de seguridad, con exceso de pasajeros o sobrepasando el límite de velocidad establecido.

Por todo lo que dije es que cuando voy por la calle y veo un policía, ya no sé si sentirme seguro o si debo buscar mi billetera para darle para la gaseosita y que me deje seguir en paz.

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